El cineasta Eriberto Gualinga ha logrado un hito con su documental, Helena de Sarayaku, una obra que va más allá de la pantalla para convertirse en un grito de justicia. La película es un viaje a través del proyecto «Selva Viviente», una iniciativa revolucionaria que defiende los derechos del ecosistema amazónico como si fueran los de un ser humano.
La crónica de la vida de Helena, la protagonista, es contada con su propia voz, guiando al espectador por una travesía que entrelaza la activista con la estudiante. Desde las calles de Nueva York en una marcha por el clima, hasta las aulas de estudio en Finlandia, el documental muestra su evolución y compromiso. La narrativa no elude los duros desafíos que ha enfrentado su comunidad, Sarayaku, como la devastadora inundación y la posterior llegada de la pandemia.
Gualinga, orgulloso, resalta que el documental ha capturado la atención de audiencias globales, gracias a su estructura única y a una banda sonora que lo hace inolvidable. La película ha sido proyectada en innumerables festivales y universidades en todo el mundo, obteniendo reconocimientos importantes, como el premio a mejor largometraje en un festival de Quito. El director destaca un factor clave para este éxito: el carisma de Helena, quien cautiva a los espectadores internacionales al alternar fluidamente entre su lengua natal, el kichwa, y el inglés. Su historia no es solo un documental, es un llamado a la acción.






