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Gente pidiendo dinero en Puyo

Cuando llegué al Puyo, no recuerdo haber visto ningún mendigo en las calles de Puyo, era el año 2012. Siete años después las cosas han cambiado.

Se ha visto personas de la serranía ecuatoriana pidiendo limosna, niños que ingresan a los restoranes a pedir explícitamente dinero a cambio de absolutamente nada y un montón de gente adulta que ingresa con caramelos los suelta en la mesa y piden dinero. Caminan por las calles, suben a los medios de transporte, se paran en las esquinas. Son extranjeros y nacionales de otras provincias.

   Se ha dado también el aparecimiento de improvisados “artistas” – pocos buenos, la mayoría de medio pelo para abajo – fenómeno que empieza a tomar auge, lo cual no es nuevo en otras ciudades, con la diferencia de que la incidencia repetitiva, ya resulta molesto para muchos ciudadanos que comen en restoranes o viajan en una unidad de transporte público.

  “La continuidad es causa de menosprecio” dice un adagio. Y es que son los mismos todos los días. Puyo, al ser una ciudad pequeña, en una hora, pueden recorrer tranquilamente todo el centro. A mediodía o de 20H00 a 21H00 que es la hora pico de la alimentación en los sitios de comidas preparadas, ingresan hasta tres y cuatro de estos cuasi artistas, en solo media hora; y por más espíritu colaborador que uno tenga, es incómodo estar todo el tiempo metiendo la mano al bolsillo para obsequiarles el dinero que solicitan en calidad de colaboración, todos los días, aparte de que ya se empieza a tornar en una intromisión al derecho de comer o conversar, con tranquilidad.

   No es que se tenga nada en contra de estas personas que de alguna forma buscan el modo de auto sustentarse, pero pedir dinero todo el tiempo no es una actividad productiva, por el contrario, se transforma en parasitaria y hasta denigrante. Pero lamentablemente, esa es la realidad que viven muchas personas, algunas porque en verdad no han encontrado otra forma de sobrevivir y otras porque terminaron acostumbrándose y se sienten cómodos con esa forma de vida, de la que no piensan salir. Hay quienes, voluntariamente han optado vivir de la conmiseración y de la benevolencia pública, en lugar de esforzarse en hacer algo productivo.

  En ese contexto, no sería mala idea, tomar el ejemplo de otras ciudades del mundo, que piden licencia a los artistas callejeros, a fin de que puedan realizar su actividad de manera regulada. Las actuales autoridades podrían considerar el tema. Seguro es que, si ven en Puyo una buena plaza, vendrá más gente pidiendo dinero.

Por: Lic. Gustavo Tuston

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