La «carne de monte» en el banquillo: Las consecuencias penales del consumo de fauna silvestre en Ecuador
[Puyo, 02 de Septiembre 2025] — El consumo y la comercialización de fauna silvestre, una práctica arraigada en ciertas tradiciones culinarias, se enfrentan a un estricto escrutinio legal en Ecuador. Las personas que se dedican a esta actividad o la promueven no solo contribuyen a la destrucción de la biodiversidad, sino que también corren el riesgo de enfrentar penas de prisión y multas, según lo estipula la ley.


Un delito contra la naturaleza y la ley
El Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica (MAATE) ha sido enfático al recordar a la ciudadanía que el consumo de carne silvestre es un delito en el país. Esta prohibición no es arbitraria, sino que está respaldada por la legislación nacional. El Código Orgánico Integral Penal (COIP), en su Libro Primero, Título IV, Capítulo Cuarto, tipifica los delitos contra el ambiente y la naturaleza.


Específicamente, el Artículo 247 del COIP, titulado «Delitos contra la flora y fauna silvestres», establece que «la persona que cace, pesque, capture, recolecte, extraiga, transporte, trafique, se beneficie, permute o comercialice, especies de flora o fauna silvestres, o sus partes, productos o derivados» será sancionada. Esto incluye tanto a quienes cazan los animales como a quienes los venden, compran o consumen, cerrando así el ciclo de la demanda.


Las sanciones por este tipo de crímenes varían dependiendo de la especie y la gravedad de la infracción, con penas privativas de libertad que pueden ir desde uno a tres años. Casos recientes en Ecuador han resultado en sentencias condenatorias. Por ejemplo, la Fiscalía obtuvo una sentencia de dos años de prisión contra un ciudadano por tener en su poder diez aves silvestres protegidas. En la provincia de Napo, cinco personas han sido sentenciadas por delitos similares en lo que va del año.
Más allá de la sanción: El riesgo para la salud y el ecosistema
La cacería y el consumo de vida silvestre no solo tienen repercusiones legales, sino que también representan una seria amenaza para la salud pública y el equilibrio de los ecosistemas.

Expertos advierten que el tráfico de especies puede generar la mutación y transmisión de enfermedades zoonóticas, es decir, padecimientos que pasan de los animales a las personas. La comunidad científica ha señalado que pandemias como la COVID-19 probablemente se originaron a partir del consumo de «carne de monte».
Desde una perspectiva ambiental, la demanda de estas carnes es insostenible y ha llevado a la reducción de las poblaciones de animales como guantas, armadillos y venados. La Policía Nacional y el MAATE han intensificado los operativos para combatir esta actividad ilegal, rescatando miles de animales cada año, muchos de los cuales terminan en centros de rescate.


A pesar de los esfuerzos, el tráfico de fauna silvestre se mantiene como un delito frecuente en el país, especialmente en la región amazónica y ciudades como Guayaquil, donde se ha fortalecido este mercado ilegal. Las autoridades y organizaciones ambientales hacen un llamado a la ciudadanía a denunciar estos crímenes y a tomar conciencia de las graves consecuencias que esta práctica acarrea para el medio ambiente y la sociedad.

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