Puyo, 26 de junio de 2025

La captura de José Adolfo Macías Villamar, alias «Fito», cierra uno de los capítulos más oscuros en la reciente historia del crimen organizado en Ecuador. El hombre considerado el cabecilla más temido del país fue detenido este martes, según confirmó el presidente Daniel Noboa, luego de casi seis meses prófugo tras fugarse de la Cárcel Regional de Guayaquil.

El rostro visible de la banda criminal Los Choneros —una de las estructuras delictivas más antiguas y peligrosas del país— logró burlar al sistema penitenciario a inicios de enero de 2024, desatando una ola de violencia sin precedentes. Su escape precipitó una escalada de atentados con explosivos, incursiones armadas a medios de comunicación, secuestros de agentes de seguridad y amotinamientos en distintas cárceles del país.

Un fugitivo que puso en jaque al Estado
El 9 de enero de 2024, apenas mes y medio después de asumir el poder, el presidente Noboa declaró el «conflicto armado interno» y calificó a Los Choneros, junto a otras 21 organizaciones, como grupos terroristas. Un día antes, había decretado el estado de excepción, al confirmarse que Fito ya no estaba en su celda. Se activó entonces una operación de búsqueda nacional e internacional sin precedentes.

Fito no era un delincuente cualquiera. Nacido en Manta, en la provincia costera de Manabí, se convirtió en el heredero del liderazgo de Los Choneros tras el asesinato de sus predecesores: Jorge Luis Zambrano, alias «Rasquiña», en 2020; y Junior Roldán, alias «JR», en 2023. Desde entonces, Macías Villamar fue identificado por las autoridades como el principal articulador de las masacres carcelarias y de varios atentados en territorio ecuatoriano.

Una fuga entre lujos, privilegios y complicidades
La opulencia con la que vivía Fito en prisión sorprendió incluso a los más escépticos. Videos difundidos desde el interior de la Cárcel Regional mostraban celebraciones con fuegos artificiales, conciertos privados, entrevistas en los patios del penal y una celda equipada con comodidades impropias del régimen penitenciario, como refrigeradora, ducha personal y dispositivos de comunicación.

Tras su fuga, el presidente Noboa denunció una presunta red de complicidad dentro del sistema carcelario. “Hubo filtración de información sobre su inminente traslado a La Roca”, sostuvo el mandatario. En efecto, Macías fue trasladado brevemente en agosto de 2023 al centro de máxima seguridad La Roca, pero apenas 27 días después un juez ordenó su regreso a la Regional, donde terminó escapando meses más tarde.

Los tentáculos de Los Choneros
El crecimiento de Los Choneros en el mapa criminal de Ecuador ha sido vertiginoso. Fundada a finales de los años 90 en Manta, la organización se consolidó en 2003 como actor clave en el tráfico de drogas desde Colombia hacia la costa ecuatoriana. Con el tiempo, amplió su alcance a delitos como sicariato, tráfico de armas, extorsión y robo, extendiendo su influencia dentro y fuera de las cárceles.

Informes de inteligencia señalan que el cartel de Sinaloa respaldaba logísticamente a Los Choneros a cambio de protección en rutas clave de narcotráfico. En febrero de 2024, Estados Unidos sancionó a la organización y a su líder, congelando activos y prohibiendo cualquier tipo de transacción con ciudadanos o entidades estadounidenses.

El cerco final
Tras su fuga, las fuerzas de seguridad desplegaron una intensa operación de asedio. Hubo más de un centenar de allanamientos, decomisos, y la captura de figuras clave en la estructura de Los Choneros, incluyendo familiares y personas cercanas a Macías. Uno de los puntos más críticos fue Manta, considerada el bastión del grupo, donde a finales de mayo el gobierno trasladó temporalmente la sede de los comandos de seguridad para coordinar las acciones.

La línea telefónica 131 y un correo del Plan de Recompensas fueron habilitados para recibir información confidencial que condujera al paradero del criminal. Finalmente, la captura fue anunciada oficialmente el 25 de junio. Aunque aún no se han revelado detalles del operativo, las autoridades aseguran que se trató de una acción de alto sigilo.

Un símbolo de impunidad que cayó
La figura de “Fito” se convirtió en un símbolo de impunidad dentro de un sistema judicial y penitenciario altamente cuestionado. Su detención representa un golpe estratégico para el Estado, que busca recuperar el control de las cárceles y frenar la expansión del crimen organizado. Sin embargo, los expertos advierten que su caída no implica el desmantelamiento inmediato de la red criminal.

El país ahora enfrenta el reto de garantizar que esta captura no se traduzca en una nueva espiral de violencia. En palabras del presidente Noboa, “la lucha contra el narcoterrorismo apenas comienza”.

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