Hacer periodismo se ha tornado un reto constante. Desde hace unos años ocurre un fenómeno digno de análisis. Me refiero a las demoras y constantes negativas de autoridades y funcionarios públicos para brindar información.
Antes se podía acudir a cualquier institución, y cualquier funcionario tenía la libertad de expresar libremente su punto de vista sobre la institución o sobre cualquier tema, en tanto que hoy se restringen de hacerlo. Hasta el ciudadano común, muchas de las veces, tiene temor de hablar.
Como periodista, he acudido a instituciones del ejecutivo y de otras funciones de Estado, cuyas autoridades y funcionarios jamás salen a la luz pública, he solicitado información ya que la ciudadanía tiene derecho a conocer que actividades cumplen, pero no ha sido posible.
“No tengo autorización” es el argumento más frecuente, que solo tiene la potestad de ofrecer declaraciones a la prensa el director zonal, se escucha con frecuencia.
Pese a la vigencia desde hace siete años de la ley de acceso a la información, esta no se aplica y ciertas autoridades, siguen negándose a conversar con la prensa. Periodistas de todo el país tienen el mismo inconveniente como me enteré para mi sorpresa de labios del presidente de la Unión Nacional de Periodistas, Vicente Ordoñez.
Aun así, los periodistas debemos seguir adelante con el reto de informar las noticias buenas y aunque a muchos políticos les duela, también las malas. La vida misma se compone de momentos buenos y malos, por ende son temas que hay que abordarlos con responsabilidad.
Si el periodismo calla, calla la vida.








