“Gracias, Señor, por esta tierra que llamamos hogar y por la historia que nos ha traído hasta aquí.”
Con estas palabras, un corazón agradecido se eleva al cielo cada 10 de agosto, día en que Ecuador recuerda el primer grito de libertad en América Latina. Hoy, como entonces, la nación se pone en manos del Creador, pidiendo que su paz, esperanza y seguridad cubran cada rincón de la patria, y que Él sea siempre su verdadero gobernante.

Era 1809 y Quito, joya de la Real Audiencia, vivía bajo la sombra del dominio español. Sin embargo, en las salas del actual Palacio de Carondelet, un grupo de criollos educados y acaudalados —entre ellos Juan Pío Montúfar, Manuel Quiroga y Juan de Dios Morales— tejía un plan audaz: formar una Junta Soberana de Gobierno. Su propósito no era romper totalmente con España, sino gobernar en nombre del rey Fernando VII, prisionero de Napoleón Bonaparte.

El 10 de agosto nació así un gobierno autónomo que encendió una llama continental. Por ello, Quito ganaría con el tiempo el título de “Luz de América”. Pero aquella luz apenas tuvo cinco meses de vida. El 4 de diciembre, tropas realistas llegadas desde Lima apagaron el movimiento y encarcelaron a sus líderes. La represión alcanzó su punto más sangriento el 2 de agosto de 1810, cuando 23 patriotas fueron asesinados en el cuartel de Quito. La ciudad, enardecida, se alzó en protesta, y las calles se tiñeron de sangre.

A pesar de su fracaso inmediato, aquel acto inspiró posteriores levantamientos. No contó con respaldo internacional ni apoyo de otras colonias, pero dejó un eco imborrable en la memoria nacional.

Pasaron casi noventa años antes de que, en 1895, Eloy Alfaro declarara el 10 de agosto como feriado nacional, honrando así el coraje de aquellos hombres. Desde entonces, desfiles cívicos, ofrendas florales y actos culturales se realizan cada año, recordando que la libertad es fruto de sacrificios y sueños compartidos.

Hoy, más de dos siglos después, cada 10 de agosto nos recuerda que la independencia fue un proceso, no un instante. Nos invita a reconocer que esta tierra, bañada por ríos, montañas y pueblos que laten con vida propia, es un regalo que debemos cuidar.

Y así, en este día, el eco de la historia se mezcla con la oración:
“Ecuador es tuyo, Señor. Guíanos siempre, porque Tú eres y serás nuestro verdadero gobernante.”

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