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Radio Escandalo en Puyo *OPINION

    El escritor peruano Mario Vargas Llosa en su novela Pantaleón y las Visitadoras escrita en 1973 y ambientada en la selva amazónica peruana nos muestra a un personaje siniestro de la comunicación que guarda similitud a un personaje de nuestra localidad, en la novela el personaje conocido como el “Sinchi” es el dueño de la Radio Amazonas en Iquitos, donde se emite el noticiero “La Voz del Sinchi”,  programa escandaloso de gran audiencia en la localidad. 

             El Sinchi es un tipo malicioso que utiliza la radio para enriquecerse a toda costa, para ello utiliza la manipulación, el griterío y la mentira, este personaje que pareciera ser sacado de la fantasía es el fiel reflejo de la realidad actual y no difiere mucho de nuestro escenario local donde se utilizan las mismas argucias mediáticas con tal de mantenerse en la palestra radial.

           Este personaje surrealista de manera permanente chantajea al Capitán Pantaleón Pantoja quien tiene la difícil misión de llevar “visitadoras” hasta los destacamentos militares más recónditos de la selva peruana para satisfacer las necesidades sexuales de la tropa, al enterarse el Sinchi de esta misión secreta de las Fuerzas Armadas Peruanas decide extorsionarlo, a cambio de su silencio le solicita grandes cantidades de dinero, al no hacerlo revela el secreto en la radio, al verse amenazado el Capitán por las denuncias públicas que se emiten al aire a diario en el noticiero, accede a entregarle dinero al Sinchi  para comprar su silencio, pero la difusión ya realizada conmociona a la población a tal punto que pone en grave riesgo el funcionamiento del Servicio de Visitadoras para Guarniciones, Puestos de Frontera y Afines (SVGPFA), en el momento en que accede  a entregarle dinero inicia la hecatombe para él y el proyecto secreto, que finalizara de manera trágica con muertos y su traslado a un destacamento en el frio de los andes a 4.000 m.s.n.m. en el Lago Titicaca.

            No es exclusivo de Perú o Ecuador este tipo de personajes y programas basura, pues este estilo se extiende como un veneno por toda América Latina. Ya pasando a nuestra realidad la situación no difiere tanto de la novela de Llosa, en Pastaza existe una radio que mantiene un noticiero con iguales características.

            Las lenguas afiladas del “periodismo sensacionalista” utiliza el escándalo para posicionarse y atraer a la gente incauta, para mantener altos niveles de raiting y lograr de esta manera vender publicidad al mejor postor.

          Para mantenerse vigente la radio debe hacer sonar música tóxica con letras que incitan al sexo y a  la violencia. En su parrilla de programación no se incluye debates culturales, ambientales o educativos, incluso las radios comunitarias en Pastaza que han sido entregadas como un derecho a las Nacionalidades Indígenas luchan por no mantener el mismo formato.

           En Puyo existe el émulo del noticiero “La Voz del Sinchi”, en el cual usan el desprestigio a la dignidad humana, con un lenguaje vocinglero, chapucero y obsceno mantiene en vilo a los oyentes ávidos de morbo, solamente le hace falta presentar a sus invitados al estilo Laura de América con su acuñado ¡Que pase el desgraciado!.  Más de una vez los afectados de esta radio estación han buscado limpiar su honra mediante juicios e incluso con la violencia, muestra de ello son los barrotes instalados en las puertas principales de acceso a la radio que sirven como protección y   convierten en fortín lo que debería estar siempre abierto cuando se usa la verdad.

        Este estilo periodístico es posible solamente ejecutarlo por personas con mínimas consideraciones a la gente de su localidad, se requiere tener poca sensibilidad y muchísima ambición, es fácil reconocer a nuestro Sinchi local pues al igual que el personaje de la novela usa una voz histriónica y generalmente manipula a quienes se encuentran en el poder con el fin de chantajearlos, amenaza con hablar mal de ellos si no publicitan en su radio y cuando las autoridades sucumben a sus caprichos suelen llenarlos de halagos al aire e incluso logra encontrarles virtudes nunca antes vistas.

      Este estilo periodístico falto de ética es sin duda un gran negocio, para muestra un botón, el periódico más vendido del país es aquel que utiliza este tipo de lenguaje soez, abusa de la crónica roja y vende sexo, los reality shows son programas con nula influencia positiva para la juventud y sin embargo son los programas con mayor sintonía y publicidad.

          En conclusión no necesariamente lo más visto, leído o escuchado es generalmente lo más ético. Falta un inmenso trayecto que recorrer en lo que se refiere a contenidos de calidad  en la radio, una de las herramientas poderosas para cambiar esta realidad es la educación.

          Hasta que ese pensamiento crítico no nazca en la mayoría de hogares de Pastaza, muchos tendrán que seguir soportando a Laura de América y al Sinchi en una misma persona y en una misma radio, aunque yo me niego a creer en que la gente se va a conformar con eso.

         Yo creo que existen dos caminos, el primero que es el peor escenario, que la población se convierta en simples observadores y testigos inmóviles de cómo denigran a nuestra gente en las mañanas, o dos podemos contrastar entre la roña comunicativa y la radio que construye, podemos escoger informarnos o desinformarnos,  educarnos o seguir siendo manipulados.

        Yo les propongo algo más simple, cambiar de canal, para cambiar la mentalidad, para empezar a construir una mejor sociedad, para consolidar el progreso de Pastaza, para discernir entre lo mejor o peor, para que surja en la población un espíritu rebelde, crítico e inconformista frente a la radio del reality show y poder decir por una sola vez y en coro: ¡Que se vaya el desgraciado!

 

editorial

Diego Escobar

[email protected]

@dxescobarec

Comunicador social del periódico digital Eco Amazónico

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