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La agresión policial a Margoth Escobar

 

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Todos los fiscales son iguales. No es necesario que les dicten el libreto por teléfono ni por Skipe, ya lo saben de memoria, solo esperan el momento para aplicar la receta. El Juez también es de corazón ardiente, y sobre todo, le quemarán las manos al redactar la sentencia de veredicto anticipado.

Cuando un escuadrón de policías llegó al hospital del Seguro Social de la ciudad de Puyo, la noche del 14 de agosto, empezó a imponerse la ley del más fuerte, todo se volvió marcial. Tal cantidad de policías resguardaban a la Fiscal …………… y al juez ………….. que trasladaron la audiencia de flagrancia contra Margoth Escobar, acusada por quienes la maltrataron en las manifestaciones del 13A.

Un vaho de tinieblas envolvía al juez que llegó a cumplir con el ritual de los procedimientos y sacramentar los motivos que impulsaron al Gobernador de Pastaza, Martín Quito a ordenar la detención de Margoth, 24 horas antes.

En la noche del 13A, Margoth junto a su hijo Yancuan y un amigo, sanamente departían, a buena distancia del escenario donde horas antes los manifestantes habían dado cuenta de las estanterías de instituciones oficiales participantes en aquel festival, que a última hora se apostó en la Gobernación, azuzando los ánimos, belicosamente.

En la audiencia, Margoth procuraba recordar si en su euforia se había hecho de algún palo para ensayar un toletazo, pero nada, relató solamente lo que vivió: flamear la bandera del Ecuador hasta cansarse y gritar hasta la sequedad afónica y el penúltimo aliento, su defensa de la selva y de los seres humanos que allí habitan. Los policías oyeron todo, los empleados de la Gobernación filmaron todo, mientras el gobernador recibía órdenes expresas para dar en el blanco, para anotarse su nuevo trofeo.

4 robocob vestidas de mujeres ultrajaron a Margoth, la arrastraron, lujaron su espalda; ellas la acusaron de violenta, de alterar el orden y también la acusaron de no saber karate para que pueda defenderse. Qué culpa tienen ellas sí son entrenadas para dejar su alma solo al alcance del diablo cuando cumplen una misión de esta naturaleza.

La metieron en el patrullero justo cuando su hijo había ido a cerrar la puerta del negocio que regenta. La trasladaron hasta la Comandancia de Policía, esposada, con las manos a la espalda. Toletes, gas spray, patadas y pisotones sometieron a esta mujer de 61 años bien puestos, de los cuales 4 décadas vive defendiendo a la Pacha mama.

Más de una docena de policías y los guardias privados, convertidos en custodios del juez y la fiscal, enrarecían el ambiente del dormitorio de hospital convertido en sala de flagrancias. Nadie podía ser testigo de esta audiencia que se entiende es pública.

Las mujeres policías acusaron a Margoth por su violencia, es decir, la violenta tuvo que ser llevada al hospital Puyo, con moretones por todo su cuerpo, casi sin poder caminar. El diagnóstico médico prescribía que merecía descanso absoluto, pero la Policía obedecía consignas como le dijeron a Margoth, “si quieres saber porque te apresamos, pregúntale al gobernador”, como relató ya en la audiencia de flagrancia.

Órdenes son órdenes, nosotros no somos malos, los malos son quienes nos ordenan ser malos, asumían los policías cuando volvieron a esposar a Margoth, ahora con las manos al frente y desaparecerla, hasta las dos de la madrugada. La metieron por la sala de emergencias y la sacaron por el frente, corriendo de los amigos de Margoth que esperaban verla.

Ella testificó que la mantuvieron parada y que una de las policías la daba un pequeño empujón de cuando en cuando para hacerla gemir de dolor por su cadera magullada.

A las dos de la mañana ya estuvo en la cárcel, pero tuvieron que llevarla de urgencia al hospital del seguro, por sus heridas y porque tiene hipertensión arterial. En ese escenario se desarrollaba la ceremonia judicial.

La fiscal, una dama nerviosa que llegó a cumplir un mandato, no se hallaba conforme con su cuerpo, sudaba; una hoja de papel alborotaba ligeramente su cabeza peliteñida cuando el abogado de Margoth interrogaba a las violentas. ¿ella estaba arengando o incitando a alguien al momento de su detención? ¿Cuál fue el motivo de su detención? ¿Ella estuvo participando en los disturbios o conversando con otra persona al momento de su detención? ¿Dónde fue su detención, el lugar exacto? Ninguna respuesta explícita.

No importaba, el juez no atendió ninguna exposición, solo preparaba las respuestas con un discurso quedito, mucho más cercano a la vergüenza que a la convicción o la certeza.

En la punta de la nariz de la fiscal se dibujaban bolitas de sudor en la noche fría de hospital. Y aunque estaba segura que en juez tenía su par, sabía que Margoth es una mujer de bien, que siempre ha luchado por lo que cree, que es una líder a quien jamás le interesó una candidatura, que es íntegra.

Las fotos que tenemos configuran lo que el COIP determina como flagrancia le dijo al juez y éste, exhibiendo su erudición artificiosa, declaró que sí, que el delito fue flagrante.

La flagrancia lo configura, así de simple, esta mujer que caminó a Quito en 1992, con la Organización de Pueblos Indígenas de Pastaza por la legalización de sus territorios; que llegó a Quito desde la selva en 2006, caminando, para que no se firme el TLC, para que se vaya la OXI y por una nueva Constitución[1].

Margoth fue fichada desde su lucha junto a los indios de Pastaza para que se vaya la Tripetrol en la década de los noventas; es la mujer que se une a todo desfile en defensa de la naturaleza, no profesa ideología, es irreverente, siempre solidaria. Hija de uno de los fundadores de Puyo, nunca revela sus aportes personales, es amiga de los 3 del 30S, de Sarayaku.

El Gobernador Martín Quito nada de esto conoce, igual que Rafael Correa no conocía que Jaime Guevara jamás bebía licor ni comía carne, ni que sufre de epilepsia. Se parece mucho al gobernador de Pastaza, nunca estuvieron en una lucha popular.

En su declaración, Margoth alegó que las policías que la apresaron nunca supieron justificar su detención, solo el gobernador, el fiscal y el juez ya sabían que era flagrancia.

Y como las fotografías que dijeron tener fue suficiente prueba, la fiscal ya había repasado que aquello merece prisión preventiva. Siempre sudorosa, siempre mirando al piso, la fiscal empezó a recitar los artículos del COIP que hacían saber como única deducción posible, que Margoth debía ser declarada terrorista y saboteadora.

El juez seguía sin atenderla, como tampoco atendió las razones del abogado defensor cuando exhibió documentos que probaban que Margoth es una mujer trabajadora, que paga impuestos, que vive de sus negocios, que es proba.

Tres horas transcurrieron hasta escuchar la parte del libreto que faltaba; el juez, sordo y ciego, se mostró lacónico en sus conclusiones: escuchadas que fueron las partes y en atención a lo dicho por la fiscal, en nombre de la República y por autoridad de la Ley, declaró que Margoth se merece prisión preventiva. Y así fue…

Tenía que ser así, el Presidente Correa no olvidará aun su acusación a quienes protestaron bajo el hotel Marriot, entre ellos Margoth, de hacer fracasar la décima primera ronda petrolera cuando a la verdad, el propio ex Ministro Wilson Pástor le dijo al Presidente por carta, que el país tenía una imagen negativa ante la industria petrolera internacional y desinterés por participar en aquella convocatoria, especialmente por “los contenciosos tributarios que mantienen con el SRI”. (Documento adjunto).

Tampoco olvidan quienes ordenaron al gobernador, que Margoth era seguida por la SENAIN.

Empero, todo estaba revestido de Ley, la ley es la ley. Ni un solo suspiro exhaló Margoth Escobar, solamente un intruso irrumpió sin permiso en la improvisada sala: “Margoth, tu vida es de victoria, más allá de jueces y fiscales que obedecen consignas”, gritó al abandonar el sitio.

La Fiscal y el juez no atinaron palabra, continuaron reuniendo sus códigos que deberán ser aplicados sine cuanon, con los otros 18 detenidos que aguardaban encarcelados el turno para escuchar su lapidaria sentencia.

Una lágrima estuvo a punto de brotar de Yankuan, y muchas de los familiares fuera del hospital, mientras el juez y la fiscal se perdieron por la puerta trasera…

A MARGOTH LE SANARON IMPOSTANDO UNA RECETA MEDICA

El médico que la atendió en primera instancia diagnosticaba reposo absoluto por su cuadro clínico que también tiene que ver con su edad.

Cerca del mediodía del sábado 15 de agosto, la custodia de Margoth triplicó sus efectivos, ya eran más de 20, algo traían entre manos, una nueva farsa les motivaba a apresurar la función. El teatrino estaba consolidado. El espectáculo y montaje construía su escenario.

Una médica de apellido Jiménez se prestó como estrella de esta danza. Redactó el nuevo diagnóstico justo a la medida de su talla, justo a la medida de los policías. Una vergüenza de diagnóstico que el hospital y la policía lo guardan celosamente, nunca lo exhibieron y tampoco quieren hacerlo. Ese documento señala que la paciente Margoth Escobar ya puede ser dada de alta.

Los familiares que impacientes esperaban la hora de visita en vigilia, no atinaban acciones al enterarse de esta flagrante violación de los derechos humanos de esta mujer luchadora por antonomasia.

Poco a poco llegaron familiares y amigos de Margoth al hospital, poco a poco también dos camiones del ejército cargados de boinas verdes, nos hacían saber que Margoth no es una detenida cualquiera, que ella ya no está a las órdenes de jueces ni fiscales sino directamente de los más altos niveles del poder político; las razones de su detención, son políticas.

Mujeres y niños impidieron que a eso de las dos de la tarde, Margoth sea sacada por un patrullero para llevarla a la cárcel; el patrullero tuvo que retroceder mientras el hospital se llenaba de pueblo.

Más de 100 policías llegaron a reforzar a los dos camiones de militares; uniformes verdes y chalecos verde agua fueron destacados para custodiar a esta mujer casi de la tercera edad, enferma y lastimada.

De nada sirvieron dos médicos que al llegar solicitaron hacer una nueva valoración a la paciente, la policía y el ejército habrían trochas para aplicar el plan B de sus objetivos. Nada podía revocar su objetivo.

Tampoco aparecieron jueces ni fiscales para atender, de turno, las solicitudes jurídicas pertinentes, todo estaba consumado.

El jefe policial habló finalmente con un periodista ufanándose que todo se había logrado sin violencia. El periodista le respondió, se violaron los derechos humanos de Margoth, sin violencia, cuando la sacaron también, por la puerta trasera…

POR: Salomón Osorio

¡Una vergüenza!

[1] El actual Presidente Rafael Correo, hizo de estas conquistas su plataforma electoral y ahí lo tenemos…

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