CAMPEÓN A PESAR DE NO VER

Cristóbal Chilán es un futbolista que perdió la visión en un choque contra el arco en pleno partido. Tras años de superación y esfuerzo hoy es el presidente de un club deportivo para no videntes. Además, fue uno de los fundadores del Comité Paralímpico Ecuatoriano. 

La mayoría de las personas se alejan de lo que alguna vez les hizo daño. Instinto natural, tal vez. Pocos son quienes lo enfrentan. Y menos los que todavía lo aman. Cristóbal Chilán Tumbaco es uno de esos pocos casos. Tiene 44 años, pero desde hace 25 no puede ver.

Él perdió la visión mientras hacía lo que más le gusta: jugar fútbol. Eso lo marcó, sin embargo, no lo frenó. Cristóbal se convirtió en un deportista paralímpico de élite, es el actual presidente del primer club deportivo de ciegos de Guayaquil y fue uno de los fundadores del Comité Paralímpico Ecuatoriano.

Reconoce que pasó mucho tiempo para que él se dé cuenta que, pese a todas las adversidades, podía progresar en esa nueva etapa de su vida. Chilán es oriundo de la parroquia Julcuy, ubicada a 20 kilómetros del centro de Jipijapa, en Manabí. A sus 15 años, la familia Chilán Tumbaco se mudó a Guayaquil en busca de mejores oportunidades.

La nostalgia de su pueblo acongojaba a Cristóbal, quien se puso muy contento cuando sus amigos de Julcuy lo invitaron para jugar un torneo de fútbol allá. “Me emocionó mucho porque volvería a pisar esa cancha de tierra donde aprendí a jugar fútbol”, recuerda.  

En ese partido llegó el centro que cambió su vida. Chilán lo recuerda con perfección: “Fue una pelota cruzada, que pasó al arquero y a los defensas de un lado a otro. Yo quedaba solo para tocarla y marcar. Al ver que no llegaba corriendo, decidí lanzarme de `palomita´ para cabecear. Toqué la pelota, pero no calculé bien el impulso y me estrellé de frente al vertical izquierdo del arco. Mis compañeros festejaron el gol, pero yo estaba tendido en el suelo, ya con la vista borrosa”. Cristóbal tenía 19 años. Regresó a Guayaquil para tener una respuesta de parte de los doctores, pero entre estos no hallaban un consenso.

“El primero que visité dijo que mi problema se curaba con una operación. Luego, otro dijo que mediante medicamentos y gotas volvería a recuperar la visión. Era una incertidumbre”, explica Chilán. Sus más allegados organizaron bingos y rifas para la recaudación de fondos. Con eso pagaron la consulta de un reconocido especialista que le dio un veredicto final: ni una operación le haría recuperar la visión, quedará ciego total en adelante.

Esa noticia lo deprimió, al igual que a su familia. Ese es uno de los principales arrepentimientos de él, ahora que lo ve de forma retrospectiva. Pasó encerrado durante seis años en casa, salía una vez por mes. “Pensaba que podía un día volver a recuperar la vista, pero me equivoque. En esa espera se me fue el tiempo, pasaron seis años para que lo empiece a superar”, cuenta.  

Emperatriz Tumbaco, la madre de Cristóbal, recuerda que en casa todos se organizaron, al igual que sus amigos, para adaptarse a la ceguera de su hijo.  El no videnteUnos amigos le comentaron sobre la Escuela para Ciegos 4 de enero, por lo que Cristóbal se inscribió. Ahí tuvo formación centrada en una persona con discapacidad visual: movilización, lecto-escritura del sistema Braille, ábaco y computación.

A través del software Jaws, el usuario no vidente puede utilizar la computadora, a partir de la lectura que hace el programa de sus acciones. En esa institución, Cristóbal conoció personas que marcaron el rumbo de su vida. Un grupo de amigos con los que compartía ideas de progreso, pero principalmente, para tener una vida social. No obstante, fue complicado para él en un comienzo. “Era muy amargado y retraído cuando recién nos reuníamos.

Todavía no aceptaba su ceguera”, cuenta Martha Almeida, una de las mejores amigas no videntes de Cristóbal. Él ríe por el recuerdo, aunque no lo niega ni confirma.  Junto a Almeida y otros compañeros crearon la Fundación para Ayuda a Ciegos FACIMAB, donde serían ellos los instructores. “Personas no videntes, enseñando a no videntes, sí lo podíamos hacer”, recuerda Cristóbal. 

El deportista

Desde pequeño, Cristóbal siempre fue aficionado al deporte: “Practicaba deporte antes de quedar ciego, mientras quedaba ciego (risas) y después de quedar ciego. Es decir, es algo que está presente en mi sangre”. A partir de ahí superó su depresión, sus amigos lo invitaron al gimnasio para hacer actividad física.

Luego, dentro del medio de los ciegos, supo que podía practicar algunas disciplinas adaptadas a su condición. Gustaba hacer natación y atletismo, aunque el fútbol es su favorito.

Cristóbal se dedicó arduamente a eso, lo que le valió a ser invitado a competencias nacionales e internacionales. Por atletismo se consagró campeón en Perú y en los Juegos Nacionales quedó primero en natación, teniendo una marca que lo clasificó a los Juegos Parapanamericanos de Río de Janeiro en 2007.

Cristóbal se había convertido en un atleta paralímpico de alto rendimiento. Su sueño era seguir formando más deportistas en la ciudad, no obstante, seguía pensando cómo. 

El dirigente

A partir de la fundación, en 2010 formalizaron la creación de un club deportivo avalado por el Ministerio, FACIMAB Sporting Club. Cristóbal sabía que varias disciplinas, como la natación, atletismo o fútbol han sido adaptadas para personas con discapacidad visual.

En Guayaquil ya había un club de ciegos, donde Cristóbal incluso participó, sin embargo, cuenta que ahí no se le daba apertura a gente joven. Hicieron campañas en escuelas y otras fundaciones de personas no videntes para darse a conocer y brindar espacios a jóvenes no videntes interesados en el deporte. 

Dos años después, junto al club quiteño Estrella Independiente, marcaron un hito histórico para el deporte no vidente nacional: fundaron la Federación Ecuatoriana de Deportes para Personas con Discapacidad Visual (Fedediv). Este organismo, avalado por el Ministerio de Deportes, dio paso a la creación del Comité Paralímpico Ecuatoriano. Cristóbal fue electo vicepresidente en ambos organismos. 

El nuevo Cristóbal

El principal logro profesional de Chilán fue la obtención de su título universitario como Psicopedagogo. Esa formación, que le costó por seis años, sirvió también para convencerse que cualquier desafío que se ponga en su camino era posible. “Creí que después de quedar ciego nada de eso podría alcanzar”, piensa.

Todavía le queda un sueño pendiente: ser convocado a una selección nacional de fútbol no vidente. Aunque es lejano, debido a que la Federación escasea de recursos y existen trámites pendientes. Sin embargo, no le quita el sueño.

Cristóbal continúa planteándose metas, preparándose para torneos y disfrutando de su pequeño hijo, Erick, quien se ha convertido en el nuevo pilar de su vida. Una vida donde notó que el deporte ha marcado su rumbo. 

Fuente: Revista Vistazo

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